De las leyes
Gibrán Jalil Gibrán*Entonces un jurisconsulto dijo: Maestro, ¿qué dices de nuestras leyes?
Y él contestó:
Os complacéis estableciendo leyes, sin embargo, os deleita más violarlas,
a semejanza de los niños que, jugando en la playa, construyen torres de arena, para luego destruirlas entre risas.
Pero, en tanto construís vuestras torres de arena, el océano acarrea más arena a la playa,
y cuando las derrumbáis, ríe con vosotros el océano.
En verdad, el océano ríe siempre con el inocente.
Pero, ¿qué sucede con aquellos, para quienes la vida no es un océano, y las leyes de los hombres no son torres de arena,
sino que, la vida es una roca, y la ley, un cincel con el cual pueden grabar su propia figura en la roca?
¿Qué del cojo que odia a los danzarines?
¿Qué del buey que ama su yugo y juzga al ante y al ciervo de la selva como si fueran seres descarriados y vagabundos?
¿Qué de la añosa serpiente que no puede desprenderse de su piel y llama a todas las demás desnudas e impúdicas?
¿Y qué del que llega temprano al banquete nupcial, y ya harto de comer sale murmurando que todas las fiestas son una violación y que todos los comensales son transgresores de la ley?
¿Qué de todos estos, que también reciben la luz del día, pero con al espalda vuelta al sol?
Ellos sólo ven sus sombras y esas sombras son sus leyes.
Y el sol, ¿qué es para ellos, sino un proyector de sombras?
Y ellos, ¿quiénes son para dilucidar las buenas leyes, cuando sólo saben encorvarse para trazar sus sombras sobre la tierra?
Pero aquellos de vosotros que camináis de cara al sol, ¿qué imágenes dibujadas sobre la tierra podrían deteneros?
Y cuando viajáis con el viento, ¿qué veleta dirigirá vuestro curso?
¿Qué ley humana os atará si sacudís vuestro yugo, lejos de toda prisión humana?
¿Qué leyes temeréis si al danzar no tropezáis con las férreas cadenas del hombre?
¿Y quién osará llamaros a juicio, si desgarráis vuestro vestido para no dejarlo en ningún sendero?
¡Pueblo de Orfalís! Podéis enfundar el tambor y romper las cuerdas de la lira, mas ¿quién a la alondra prohibirá su canto?
* "De las leyes", en Gibrán Jalil Gibrán, El profeta, traducción de Leonardo S. Kaim, Impresiones Modernas, México, 1974, pp. 27-28.